Libro Libre Chile

Deja que los libros circulen, es señal que avanzamos.
Por mucho leer, amanece más temprano.
Seamos realistas, estimulemos la lectura.
El que busca un libro siempre lo encuentra.
Mañana será otro libro.
Más vale un libro en la mano que cien volando.
No temas caer en la tentación del libro.
Quien con libros se acuesta, amanece más despierto.
Libro que has de leer, no lo dejes correr.
A un lector más le vale serlo que parecerlo.
Libro Libre Chile
La historia de Diego
Domingo, 23 de Diciembre de 2007 22:39
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Nombre: Robinson Oriel Vega Farfán

Sexo: M

Edad: 12 Años

Palabras sobre el Trabajo:

Bueno, hace mucho tiempo que he escrito muchos libros, que de verdad me han salido del corazón. Pero nunca lo había realizado tan en serio y de verdad me siento muy orgulloso de mi mismo. Todo lo que creado y hecho hasta ahora, es gracias a mi, pues nadie me ayudó... Ni siquiera a escribir esto. El título de este trabajo es "Diego", un niño de de 6to básico que simplemente en su desarrollo se empezó a enamorar de una chica, con problemas de su familia, amistad y a veces envidia. Esta historia no ha tenido desenlace, y pretendo terminarlo muy pronto.
Espero que les guste.

Saludos cariñosos!!

 

LA HISTORIA DE DIEGO

Robinson Vega

 

1.- Yo y La huída de casa

Hoy inauguralmente comienzo mi Diario secreto, donde estrictamente se prohíbe leerlo.

Hoy, Miércoles 15

-Tal vez es un resultado incógnito-, Pensaba yo, Diego malhumorado y con los ojos rojos, ya que no dormí y solo estudié, toda la noche.

Estaba estudiando matemáticas, la materia que más odio, pues estaba a punto de reprobar. Bostecé abriendo los brazos, me eché hacia atrás y ví el reloj de "Universidad Católica", que me había regalado mi abuelito, él sabía que era mi equipo favorito. Las 18:30 horas, hace una hora habían dado una maratón de mi música favorita.

-¡Por la...!-, Grité de rabia.

-Sigues hablando así y le diré a mamá-, Me interrumpió mi hermano, como si me estuviera espiando.

Yo le hice burla por detrás y me tiré a mi cama. Mi hermano, un hombre de 22 años, llamado Darío, alto, muy ancho y un verdadero imán de las chicas, nunca terminó la educación media. Quiso trabajar en un supermercado llamado "Súper Gigante" y ganarse la vida así. Siempre dice que se irá de la casa, pero no tiene la plata suficiente, además mi mamá siempre lo quiero echar, porque le carga su nueva novia. Somos 4, mi madre siempre quiso tener una hija para poder apoyarse en la vida, aunque yo creo que eso solo para hablar de chicos, aún cuando ella no lo reconoce.

-Ven, te quiero revisar los cuadernos-, Dijo mi papá abriendo la puerta de mi pieza, sin tocar.

-¡Pero si están listos para mañana!-, Le grité.

-No me importa, tráelos o te castigo-, Dijo papá decidido.

-¿Podría ser mas maldita mi vida?-, Le susurré mientras se iba.

Les llevé los malditos cuadernos y me senté al lado de él, mirando la televisión.

Mi padre comenzó a verlos y ponía unas caras raras. A mí me daban ganas de estrangularlo.

-¿Y Esto?-, Preguntó mirándome feo.

-¿Qué?-

-Esto-, Dijo y me mostró un doblez en la hoja. Yo sin saber le pregunté:

-¿Y qué tiene?-, Con voz altanera.

-Estás castigado-, Me dijo con ojos arrugados.

-¡¡¿¿Por Qué??!!-, Le grité.

-¡Porque tu padre lo dice, ahora ándate y llévate estas mugres!-. Yo me fui, pero no a mi habitación, si no a la calle. Salí de la casa y revisé si es que tenía plata en los bolsillos. Solo 1050 pesos. Casi todo en monedas de cien. Me fui a casa de Iván, mi mejor amigo. Llegué y dije:

-¿Iván?-. Golpeando la Puerta grande y lisa.

-¡No toi!-, Me gritó, porque estaba durmiendo siesta. Hubo un tiempo de silencio y le dije:

-¡No soy el cartero! ¡Y para que contestas si no estás!-, riéndome.

Él respondió:

-Ah, verdad... ¿Diego?-.

-¡Si!-.

-¿Qué haces acá, y tus padres?-, Me pregunto saliendo de la cama, yo lo miré fijamente como diciéndole: "¡Cállate!".

-No lo sé y no me importa-. Él me puso su mano en mi hombro y me dijo:

-¿Problemas, verdad?-, Con voz baja, ahí tuve que soltar una lágrima y susurré:

-Como siempre-. Ya no quería hablar más.

-Tranquilo, esas cosas pasan, nadie está libre de nada ¿te quedas a dormir?-, Me preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.

-Ni loco me quedo en la casa de mis padres-, Le dije malhumorado.

-¿Juegas Play Station?-, Me preguntó

-No-, Le dije seriamente y él de quedó con ojos grandes. Pero luego concluí:

-¡Pero contigo sí!-, Con voz amistosa. Él me abrazó y fuimos a su pieza.

 

2.- Una nueva Amiga y El Odio a mis Padres

Jueves 16

Si eres alguien que no es Diego, te prohíbo estrictamente leer esto.

Me escabullí silenciosamente al salir de la casa de Iván, saqué una linterna, bostecé y por fin ví la calle entre mis párpados, corrí y corrí mientras veía gente tirada en el piso, casi muerta de hambre.

Entré a casa, saqué alguna ropa, mis cuadernos y viéndolos recordé a papá diciendo: "¡Llévate estas mugres!". Se sentían los Ronquidos de mi hermano, pensé en como mierda se olvidaron de mi así. Y un suspiro fue suficiente para salir de casa, sin perdonarlos nunca por aquello. Entré en casa de Iván y me acosté al lado de él, sonreí satisfecho por tener un amigo tan bueno como él y me dormí. -¡Diego! ¡Nos quedamos dormidos!-, Me gritó Iván abriendo sus grandotes ojos verdes saltando del sofá.

-¡Uh! -, Grité y me puse mi pantalón rápido.

-¿Qué tomamos de desayuno?-. Le pregunté

-¡Nada!, ¡vamos!-, Me gritó y salimos corriendo de la casa al colegio.

Cuando estábamos en la parada de bus, ningún maldito transporte pasó.

Entonces, obligados a correr por la vereda llena de lodo, nos ensuciamos los pantalones, la camisa, casi todo... excepto la cara.

Llegamos muy sucios al colegio, donde el portero nos miró y vio la hora.

-¡Pase rapidito!-, Susurró, entramos al aula y el profesor de Música, que es sordo nos gritó:

-¡Llegaron atrasados!-, Con los ojos de aceituna y piel de pescado, toda la clase conversaba y reía fuertemente.

-¡Por supuesto!, ¿además de sordo es ciego?-, Gritó un niño de la última fila, el más desordenado por cierto, se escondió y todos soltamos una risa muy fuerte.

Yo e Iván agachamos la cabeza y nos sentamos en la última fila pidiéndole gracias a aquél compañero por distraer al profesor, donde este mismo enojado, desesperado y con sus cachetes rojos gritó:

-¡¡Caa..Caa..Cállense!!-. Pero todos seguimos gritando, riendo y todo menos atender la clase. El profesor molesto ya de carácter, cogió el libro de clases y lo golpeó forzosamente contra su escritorio.

-¡Silencio dije!-. Ahí quedamos todos más que callados, asustados. Quedó mirándonos casi un minuto.

-¡La persona que no conteste la pondré ausente!-, Terminó y siempre gritando. A medida que caminaba por la sala, nombraba al curso y cada uno decía: "Presente".

Yo en ese momento comencé a jugar con Iván con un papel que "Supuestamente" adivinaba el futuro. Preguntábamos cosas tan inútiles como que nota nos sacaremos en la siguiente prueba. Eso a nadie le importa, excepto a alguien, que para mí es un verdadero Monstruo.

¡Espero no asustarte, Diario!, pero cada prueba que hacen los profesores, aunque sea para la Universidad, ella siempre saca siete. A veces me da hasta miedo.

Recuerdo la última vez que le había tomado respeto, fue cuando estábamos en el patio principal del colegio y con Iván le preguntamos:

-¿Sabes cuánto daña tu reputación que seas tan Matea?-. Ella con sus lentes de ventana contestó:

-Un ochenta por ciento-. Desde ahí nos aburrió y no le hablamos más.

-¡¡Me sacaré un 7 en la próxima prueba!!-, Gritó Iván, sorprendido.

-¿Qué?... ¡¡La mejor nota que has tenido en tu vida es un 5.0!!-, Le dije mirándolo por menos.

-¡¡Te prometo que funciona!!-, Me gritó.

-¡¡Está bien!!-, Le dije y sonreí.

-¿No me crees?, de todas maneras me iré del colegio-, Dijo con ojos enojados. Yo muy sorprendido le grité:

-¡¿Por Queeee!?-, Con ojos saltones.

-Me echarán por...-, Hubo unos segundos de silencio pero concluyó:

-¡Matar a un Alumno!-. Y me empezó a hacer cosquillas en mi estómago, él sabe que soy muy cosquilloso. Yo desesperado le grité:

-¡¡Ya, ya para!! Tengo que conseguirme una lapicera... ¡¡la mía se acaba de reventar en tu polera!!-.

-¡¿Queeee!? ¡¡Comienza a correr!!-, Me respondió también gritando y después de un rato paramos. Obligado a conseguirme una lapicera le tuve que decir: "¿¡Oeh, tení lapicera!?" a cada compañero de mi clase.

Llegué a un puesto de una niña bajita, flaca y una nariz redonda, pelo brilloso y dientes ordenadísimos.

- Hola, que quieres-, me preguntó mirando a la puerta.

- Creo que la puerta no te responderá-, Le dije con una sonrisa. Ella contestó:

- Si sé, es que no llega la Andrea-, Me dijo.

- Ya llegará, ¿tienes lapicera?-, Le pregunté.

- Sí, espera-, Dijo con una voz muy serena y mientras la sacaba de reojo miraba la puerta.

- Toma-, Concluyó y me pasó una lapicera de un grupo musical llamado "Keane".

- ¡También te gusta Keane!-, Le grité.

- ¿A ti también?-, Me gritó.

- ¡Si!- Respondí y ella con el mismo tono me dijo:

- ¡Es lo mejor!-.

- ¡Obvio, dame el lápiz!-.

- ¡No!, ¡pero siéntate aquí!-, Me propuso.

- Es que me siento con Iván...-, Me quejé. Pero sin piedad me ordenó:

-¡Siéntate ahora!-, Desesperada.

-¡De Acuerdo!-, Grité con ojos abiertos, y no sé porque, pero un poco feliz me fui a mi puesto, con Iván, para cambiarme de asiento.

- ¡Ándate, no diré nada acerca de nada!-, Me dijo Iván con ojos pequeños y mirando la ventana.

-¡Perdón, si quieres ven conmigo!-, Le propuse

-No, yo estaré hablándole a la mesa por si me necesitas-, Me dijo molesto.

-¿Sin resentimiento?-, Le dije mirando el piso.

-Por supuesto-, Me dijo sonriendo simpáticamente.

Tomé todas mis cosas y me instalé en el asiento con aquella niña.

-Eres uno de los niños del curso que me cae mejor-, Me dijo cuando llegué con ojos tiernos. Yo le respondí de la misma manera:

-Gracias, tu también, creo que eres la única niña a quien le he hablado-,

Aunque era obvio que no era cierto.

-Helena, mucho gusto-, Me dijo feliz.

-Diego, para servirte-, Le dije y nos dimos la mano.

3.- ¿Qué me está pasando?

Viernes 17

Cierra inmediatamente este Diario si no eres Diego y tápate porque puse una cámara en mi pieza que lo graba todo.

Conversé y conversé con Helena, toda la clase, me sentía muy feliz y hasta pensé que podría ser una amiga mía, me invitó a su casa, me preguntó si quería, yo decidido dije que sí. En ese momento ocurrió algo muy inesperado. Todo mi cuerpo nunca había sido besado por labios del sexo femenino, hasta ese día. Me agarró con las dos manos y me besó toda la mejilla con sus labios grandes y jugosos. Hasta ahí creí que era el mejor día de mi vida.

Hasta que todo se derrumbó cuando un pie de Andrea pisó la sala de clases.

-¡Hola!-, Gritó Andrea, casi tan flaca como Helena. De la misma forma, Helena, un poco despistada le gritó:

-¡Hola!-, Con una sonrisa. Se besaron la mejilla, muy amistosas las dos. Yo me sentí un poco mal, pues se suponía que, ¡no lo se!, pero me molestó que llegara Andrea.

-¿Te puedes cambiar de nuevo?-, Me dijo con una sonrisa perfecta, se me formó un escalofrío en la espalda, pues de verdad quería seguir sentado allí. Tuve que salir y sentarme nuevamente con Iván.

-¡A si que te patearon!-, Me susurró Iván riendo. Yo molesto le pregunté:

-¿De qué hablas?-. Y Me susurró:

-Nada, nada... solo bromeaba, Romeo-.

-Ya deja de hablar estupideces-, Me molesté.

-Ajá, ¡Vamos Diego, te conozco desde el Jardín, aunque no me acuerdo de eso y sé cuando te digo de que mirabas a Helena como si fuera un helado de chocolate!-, ¿Y si era cierto?, ¿Rompería la promesa que algún día había hecho con Iván en primer básico, de nunca ser amigo de una chica y mucho menos enamorarse de una?, ¿Por qué, aunque recién la conocía de verdad, ya la odiaba? Eran miles de preguntas que me hacía, ninguna con respuesta.

-¿Diego?, ¡te estoy hablando!-, Me gritó, pues se me caía la baba de tanto pensar en Helena.

-Estoy pensando-, Justifiqué. Pero me miró como diciendo: "¿Tu pensando?".

-¡Ay!, esta bien, ¡no lo sé!, estoy confundido, me quiero ir a casa, creo que me siento mal-, Le dije rapidísimo.

-Huir de los problemas nunca es bueno, Diego-, Me dijo con la misma cara anterior.

-¡Pero es buen ejercicio!-, Grité y salí del aula, me sentía acorralado. Llegué hacia la portería y grité:

-¡No me has visto, Shails!-, Pues así se llamaba el portero

Llegué a casa recorrido, no me importaba nada, solo quería recostarme y hasta morir.

¿Y si me cambio el nombre, me voy a Estados Unidos y me hago una cirugía plástica?, nadie me reconocería. En ese momento traté de sacar la llave para entrar a casa, no la encontraba, debí dejarla en casa de Adolfo. Me tiré en el piso y pensé: "Ahora siento como sufre la gente que está tirada en la calle".

No me quedaría ahí tirado hasta morir, a si que me paré y empecé a caminar solo, por las calles de Valparaíso. Tenía mi mechón de pelo en la cara y quería llorar, pues no sabía lo que me pasaba.

-¿¡Qué Mierda me Pasa!?-, Grité de rabia en medio de la calle desierta. Pateaba y pateaba las piedras, sintiéndome realmente absurdo y patético. Me devolví a mi casa, porque después de todo en ese pedazo de cemento cuadrado vive mi familia. Al llegar miré la puerta fijamente pensando en tonteras inútiles, me quería morir y buscando una respuesta que nunca podría encontrar, miré emocionadamente la ventana y vi a una persona que era lo mejor para mí, mi abuelito favorito, canoso, voz áspera y baja, nariz de bruja y joroba do siempre me ayuda en mis problemas, pero al golpearme un polvoriento humo de tierra me salieron lágrimas que me ardieron demasiado de los ojos y traté de voltearme y mirar a mi abuelito otra vez, pero recordé... pensé... reflexioné en algo:

Él ya está muerto.

En ese momento de verdad lloré, y lloré como nunca tirándome nuevamente al piso.

Pensé en qué quería que hiciera yo, él era el único ser humano en la tierra que me entendía siempre, pase lo que pase. Recuerdo sus palabras, antes que se fuera a Santiago y muriera de un cruel cáncer: "Recuerda, Diego, haz por impulso cualquier objetivo por absurdo que sea, creas en la estupidez que creas, alcanza ese objetivo", por un momento pensé y creí saberlo todo, me sentía poderoso.

-¡Ya sé lo que haré!-, Grité de felicidad mirando mi casa y metí la mano en mi bolsillo, encontré y saqué la llave de casa, estuve apunto de abrir, pero se me acabó la inspiración al oír:

-Qué bueno, ¿ahora le das una explicación a tu mejor amigo?-. Dijo Iván llegando y mirándome fijamente.

-¿A dónde está que no lo veo?-, Le grité y me fui a mi casa enrabiado. Cerré de un portazo muy fuerte y me tiré a mi cama.

-¡Ahora nos darás una explicación, Jovencito!-, Me gritaron mamá y papá a coro.

-¿Explicarles qué a quienes?-, Les dije altaneramente.

-¡¡Explicarnos porque te fuiste de la casa así!!-, Gritó papá muy enojado.

-Yo no les importo, ni si quiera me buscaron, si hubiera sabido que un mayor me gritara, ahora estaría gozando con...-, Me acordé de miles de cosas. De cuando conocí a Iván por primera vez, en mi Abuelito, en Helena, en mis padres enrabiados... y muchas otras cosas. Pero de lo que más me enrabié, fue de la única frase que me llevaría a vivir: "Creas en la estupidez que creas" y que en ese momento, no la había recordado. Me susurré a mi mismo: "Perdón, abuelo, no volverá a pasar".

Fui a todo correr a la casa de Iván desesperadamente sin pensar nada, solo que ninguna maldita niña arruinaría esa amistad.

-¡¿Alo?!-, Grité golpeando la puerta a patadas con ojos rojos y grandes. Pero al recordar la dirección donde iba cuando le grité, fui decididamente hacia ese lugar, caminé, grité y transpiré, pero ya cansado y sediento me tiré al suelo y logré divisar a Iván caminando en primer ángulo frente a un sol naranjo simplemente hermoso, seguro corrí hacia él, lo cogí de hombros y le grité:

-¡No me importa si me enamoré, Iván!, ¡Si me muero ahora, después no me importa!, ¡Solo quiero que me perdones por haber dicho eso, por favor! ¡Fui un estúpido! ¡Ninguna imbécil chiquilla hará romper nuestra amistad, Iván!, ¡Por favor!-, Desesperadamente.

-De verdad me llegó lo que me dijiste...-, Me dijo mirando la tierra. Yo sin argumentos le grité:

-¡Perdón!, ¡No te quiero perder, Iván!, ¿Qué dices?-.

-Sólo te haré una pregunta final y espero un sí...-, Hubo unos segundos de silencio profundo-, ¿Amigos?-, Me preguntó, yo lloré y le grité con todo mi corazón:

-¡Si!-, Y lo abrasé con todas mis fuerzas.

4.- Malas Calificaciones

Sábado 18

Retrocede inmediatamente si no eres Diego, está activado un revólver que te disparará e impactará la cara.

-Toma, me lo pasó el profesor, dijo que te lo entregara a ti -, Comentó Iván sacándose su chasquilla de pelo con la mano un poco triste y me pasó un papel blanco corcheteado.

-¿Qué es?-

-No sé, debe ser de esas deudas para asustar a los padres-, Pero no.

Al abrirlo estaba seguro de que era un informe parcial de notas de segundo semestre, primer periodo.

-No, Iván, creo que no lo es...-, Le susurré con ojos de aceituna y curiosamente Iván vio el papel, un 4.9 promedio general.

-¡Me van a matar!-, Le grité al cielo prendido y fresco. Iván me miró con una ceja más arriba que la otra.

-¿Y Quiénes?-, Me interrogó, entonces nuevamente pensé en la frase de mi Abuelo y concluí en que de verdad tenía razón Iván, ¿Y quiénes?, mis padres no se preocuparon por mi. Si tengo malas calificaciones al final e incluso, si es que hasta repito, por lo menos fue mi esfuerzo y no el de esos malos padres.

-Nadie, Iván, nadie me puede matar...-.

-¿pero, si no puede entrar ni a mi propia casa qué hacemos?-, Le pregunté amurrado. Iván me abrazó y me dijo:

-¡A lavarnos las manos y a estudiar!-, Gritando, se formó un silencio absoluto, sentí un silbido del viento, yo me mantuve con los ojos mas grandes que una "O" y mi boca totalmente abierta, diciendo: "¿Qué?".

-¿Es broma?-, Le pregunté totalmente impactado.

-¿¡Me has visto estudiando!?-, Me preguntó sonriendo con ganas.

-¡No!-, Grité.

-¡Entonces a mi casa a jugar Play Station!-, Gritó entusiasmado.

-¿¡Solo en ese maldito juego piensas!?-, También grité yo.

-¡Ah, claro quieres estudiar!-, Me dijo con ambas cejas arriba.

-¡No!-, Grité.

-¡Entonces, Vamos!-, Gritó y me empujó.

Cuando íbamos caminando y nos golpeaba el sol directamente en la cara le pregunté:

-¿Y qué promedio tienes tú?-,

-No lo sé, ¡no quiero ni abrir la hoja ni hablar de ella!-, Me respondió risueño. Le grité cerrándole un ojo:

-¡Vamos!-,

-¡Está bien, no se amontonen!-, Me gritó. Respiró profundo, inhaló y exhaló, fue ahí cuando definitivamente la abrió y la miró. ¡Quedó sorprendidamente satisfecho con el promedio! ¡5.5, pasa de curso!, ahí yo me quedé muy picado y con los puños apretados dije:

-¡Creo que estudiaré más!- Con los dientes apretados.

-¡Así se habla!-, Me gritó Iván mirando la hoja con una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando por fin llegamos a su casa, me tiré a su cama mirando el techo, pensé en Helena y le interrogué detenidamente a Iván:

-¿Qué promedio tendrá...?-, Suspirando, pero me interrumpió Iván:

-¿Helena?-, Con una sonrisa.

-Bueno...sí...-, Pensativamente, me detuve y imaginé su promedio: Un 4.5... pero a la vez pensaba en un 7.0...

5.- Todo empieza a mejorar, pero...¿¡Un mexicanote!?.

Creo que hay algo interesante en el Patio, anda a ver y no leas esto sin importancia.

Estábamos yo y como siempre Iván, sentados en el Colegio Artístico de Valparaíso, tratándonos de concentrar en matemáticas con nuestra profesora, que siempre da malos consejos, una vez mareo descontroladamente a una alumna con un tema relacionado con las drogas, habló, habló y habló tanto que se desmayó y tuvieron que llevarla de urgencia a la clínica internada en la UCI, fue peor que consumir drogas, yo estaba mirando todo eso desde la ventana de la sala en el patio lleno de plantas y flores hermosas, con Iván matado de la risa.

Con el andar del tiempo conversé un poco más con Helena, me acerqué a ella y ella a mí, me sentía feliz siendo amigo de ella y a la vez de Iván. Todo bien y al llegar Andrea como amiga mía, también se pusieron las cosas mucho mejores, mi familia se acercó un poco más, papá y mamá me prometieron que nuca más me iban a dejar botado como lo hicieron posteriormente. Mi hermano Darío se arregló con mis padres, me ayudó siempre con mis tareas y pruebas, aunque siempre las hacía mal... pero lograba que su único hermano en la vida, se sintiera muy feliz.

-¿A si que tienes diario, eh?-, Me preguntó Iván entrando a mi casa por la estrecha ventana de mi cuarto.

-¡Por favor, no se lo digas a nadie, mi hermano me lo quitará, lo leerá y lo publicará y...!-.

-¡Ya, bájale, buey... no manches!-, Me gritó con un pésimo tono mexicano.

-¿Por qué hablas así?-, Le pregunté extrañado.

-Ya, chaval... ahorita te lo explico ¿eh?, pasa, pues que un nuevo alumno de nuestro curso será un mexicanote, buey... ¡que padre! ¿Eh?-, Me dijo después de tirarse a la cama y comer unos chocolates que tenía en mi velador.

-¿En serio?... pues no puede ser gran cosa ¡¿no, pues?!-, Le grité y nos reímos a carcajadas comiendo el chocolate, que lo tenía ahí durante como un año.

-Bueno, prende la tele ¿no?-, Me dijo sonriendo, yo me seguía riendo un poco atragantado con el chocolate.

-¡No puede ser!-, Le grité al ver a Martín Ruiz solo en la tele haciendo una entrevista en vivo. ¡En Valparaíso, Chile! ¡Es el mejor cantante de México que existe en el maldito mundo! No lo podía creer. Iván me agarró del pelo y me peñiscó el brazo.

-¡Auh!-, Le grité mirándole feo.

-No, no estás soñando-, Me negó con la cabeza.

-¡Es cierto! ¡Martín Ruiz es el mejor cantante de heavy metal en el sistema solar, lunar y estrellar! ¡Y solo tiene 12 Años!-, Le grité con los ojos mas grandes que las bolitas de chocolate que comíamos encima de la cama.

-¿Y qué haces aquí, Martín?-, Le preguntaba el periodista, mientras yo manejaba todos sus movimientos. Él, dentro de la cuadrada pantalla se movía el pelo sin las manos y se arreglaba sus lentes de sol mostrando su anillo de oro brillando más que el sol.

-Si, pues me parecía que... ¿Chile no?, si pues me parecía un buen país ¿no?, decidí venir ahorita mismo, ¡y pues aquí estoy!-, Le respondía el pequeño niño, mientras una multitud de chicas le gritaban por detrás: "¡Martín, te amo!", "¡Martín, un autógrafo!" o simplemente gritaban. ¡No era para menos!

El periodista lo miraba fijamente y le preguntó:

-¿Y qué piensas hacer ahora, Martín?-. Mientras el cantante miraba a dos cámaras.

-Pues, como soy un buey de principios y educación, pues decidí entrar a un establecimiento educacional, ¿eh?, donde aprenderé la educación básica... ¿Esta bien? ¿Cuál es mi cámara, uno o dos...?-.

-¡Y a cual colegio irás!-, Le preguntó el periodista.

-Pues, yo creo que decidí en un colegio artístico, donde me destacaré ¿Dije bien?-, Siempre preguntaba esas cosas. ¡Y cuando dijo un colegio artístico ya cruzaba mis dedos y le rezaba a Dios, para que fuera el Colegio Artístico de Valparaíso!

-Pues, escogí el Colegio Artístico de Valparaíso ¿no?-, Dijo Martín y yo me subí arriba de la cama y grité:

-¡Por Dios!-, Y Saltaba y caía y corría ¡y no sabía que hacer!, ¡pero cuando uno está feliz, es difícil estar quieto!

-¿Y quién es?-, Me preguntó Iván comiéndose las uñas y el chocolate a la vez, manchándose toda la cara.

-¡¿Qué quien es!?-, Le grité desesperado y me demoré casi treinta minutos en explicarle todo.

-¿Y que no llega un mexicano al curso?-, Me preguntó Iván moviendo las cejas hacia arriba y hacia abajo.

-¡Oh!, ¡Verdad! ¡Por Dios!-, Grité sacando la cabeza para afuera desde la ventana. Él gritando y sacándome de la ventana me dijo:

-Bueno, me tengo que ir a casa, ¡nos vemos!-.

-¿Qué tal si sales por la puerta?-, Le sugerí.

-¿Y qué tu mamá me vea? ¡Me matará, Adiós!-, Y gritándome eso, se fue.

Me tiré a la cama, me puse un almohadón que yo mismo había hecho en cuarto básico y observé con detalles la entrevista.

Toda la tarde y gran parte de la noche, estuve practicando el raro acento mexicano para así, poder hablar mejor con Martín. Le pediría un autógrafo, me sacaría una foto con él, almorzaríamos juntos y muchas otras cosas pensaba, planificando algo como: "Un día con Martín". 6.- ¡Por fin!

Domingo 19

Hoy me desperté totalmente feliz y dispuesto a ir al colegio. Me lavé los dientes y me miré en el espejo, me miré la boca, mi chasquilla de pelo en el ojo izquierdo, mi nariz y practiqué mi sonrisa. Pensé y me sentí muy bien, pues este corto tiempo he tenido muchas "Aventuras", o por lo menos cosas que hacer...

Otros días me he levantado y he quedado desocupado, pero de verdad hoy le di gracias a Dios por todo lo que me ha dado, no leo Biblia, no he hecho la primera comunión, ni siquiera pienso casarme... Pero de lo que estoy muy seguro es que creo en Dios y nunca dejaré de creer.

Pienso que de muy lejos y fondo aquí en esta Tierra injusta, te grito: "Gracias" esperando una respuesta que creo que nunca llegará, de pronto apareces, desde allá arriba. Me miras y me gritas: "¡Por nada!".

-¡A conocer a Martín Ruiz!-, Grité y Salí de la casa corriendo, aunque recién era muy temprano. Mientras corría planificaba todo, tan detallado que hasta pensaba soplarle en las pruebas, ¡aunque no sería novedad!

Llegue hacia la portería y habían muchos periodistas, cámaras y niños que hacían muecas para poder salir en televisión, uno de esos, por supuesto, era Iván. Los niños se empujaban y gritaban: "¡Mamá, toi en la Tele!", "¡No quiero prueba!" o "¡Vieron, no me hice la cimarra!" desesperados para que los enfocaran.

-Permiso, permiso, quiero pasar...-, Les decía yo para poder entrar y ver a Martín.

-¡Nosotros también, niño!-, Gritaron casi todos en coro. Y un hombre con una cámara que pesaba más que él, gritó:

-¡Quiero pasar! ¡Estoy al aire!-.

-¡Nosotros también po...!-, Y se oyeron mas garabatos que en el estadio, e incluso algunos que ni conocía.

Y de pronto, una persona, un poco más pequeña que yo, con un gorro que lo tapaba, me miró y se sacó los lentes.

-¿Eres del sexto año básico C?-, Dijo sacándose el gorro y mirándome con aquellos ojos rojos y negros, a la vez, yo lo miré y creo que me volví loco, pues grité:

-¡Martín!-, Entonces todos los periodistas se dieron vuelta y me atacaron. Yo caí, pero luego me enojé, empujé sin piedad arrastrándome entre los pies de todos y logré entrar al establecimiento, donde vi a Iván, que se tocaba el estómago, e incluso parecía que iba a vomitar. Yo me mire el estómago y se me movieron las tripas haciendo un sonido muy desagradable, nos miramos con Iván y fuimos corriendo al baño.

-¿Qué pasa?-, Me gritó Iván al llegar y vomitó con toda su fuerza, pero créeme, Diario, he visto cosas peores.

-¡No se!-, Grité y vomité igual que Iván. Mire el piso con Ojos rojísimos y sentí que mis tripas se me salían.

Después de mucho tiempo, concluimos en que el maldito vomito lo causó ese estúpido chocolate que estaba en mi pieza... la barra nos quiso matar.

Martín no pudo entrar a clases, los periodistas lo impidieron, llegaron los "Pacos", la ambulancia y todo... Como si hubiese muerto alguien, se preocuparon más del maldito Martín que yo tirado en el piso del colegio junto a Iván.

-Quizás morir podría ser un sueño que no tiene Fin-, Dije con voz muy baja, pero lo suficiente para que Iván escuchara. No sé porque dije eso, pero fue lo único que se me ocurrió decir. Se me salió una lágrima de los ojos, no me quería parar, quería estar tranquilo ahí tirado en el piso.

 

 
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