Libro Libre Chile

No temas caer en la tentación del libro
Quien mucho lee, mucho puede
Deja que los libros circulen, es señal que avanzamos
Quien salva un libro, salva un mundo
A un lector más le vale serlo que parecerlo
El libro leído jamás será vencido
El que busca un libro siempre lo encuentra
Más vale un libro en la mano que cien volando
Por mucho leer, amanece más temprano
Seamos realistas, estimulemos la lectura
SOMOS UN PAÍS DE SORDOMUDOS
Autores
Viernes, 17 de Junio de 2011 18:32

3Sangres.jpg            A Jorge Marchant Lazcano -autor de "Sangre como la mía" (Alfaguara, 2006), novela que ganó el Premio Altazor 2007-  le gusta hurgar en el pasado, no importa las sorpresas que encuentre ni los paralelismos ni anticipaciones que como todo buen escritor establezca -así, casi  "sin querer       queriendo"-, con  la realidad del país y del mundo.

Así ha sucedido con los temas relacionados con el ocultamiento de la homosexualidad en todos los niveles sociales y, en especial, al interior de la Iglesia Católica y con el "patrioterismo", revanchismo y soberbia que nos han traído como legado los conflictos bélicos con nuestros vecinos.

JML1.jpg            A Jorge no le aproblema lo que suceda con ese traer a la luz lo que permanece en las tinieblas del mito estrecho y mezquino que nos hace marcar el paso como personas y ciudadanos. "He llegado a una edad en la que estoy dispuesto a herir y a molestar, porque ya no me queda nada que perder", nos dice el escritor, un valiente que se la juega por la verdad, a secas.

 "La historia, sin duda, tiene que ver con la memoria, y la memoria es lo que más nos falla como chilenos. Tenemos una tendencia innegable al olvido", señala, añadiendo que "todos los escritores, tanto los que escribimos ficción así como quienes escriben ensayo, estamos haciendo un esfuerzo por rescatar nuestros sufrimientos (y nuestras pequeñas pasajeras alegrías). Es terrible comprobar que la literatura va camino a convertirse en un placer de lujo", señala con un dejode desencanto.

Jorge.jpgCon "El Ángel de la Patria" (Grijalbo, 2010), su última novela, publicada en 2010, Marchant Lazcano volvió a remecer las bases de la soberbia patriótica que nos dejó como legado la Guerra del Pacífico, y, de soslayo, desnuda también nuevamente las debilidades de la religiosidad en Chile representada, casi unívocamente en esa época, por la Iglesia Católica.

PortadaDefinitiva.JPGHace bien leerlo, analizarlo y comentarlo. Hace bien saber más de nuestra historia cincelada por su pluma y su sensibilidad. Sin pasado no hay presente consciente; sin pasado no hay aprendizaje ni distancia para cuestionar lo que somos y lo que hacemos.

En "La Joven de Blanco" (Alfaguara, 2004), el escritor nos mostró, con ritmo cinematográfico y a todo color, el horror del incendio de la Iglesia de la Compañía, un hecho muy nombrado en nuestros libros de historia, pero al mismo tiempo muy ignorado por todos. Tras las llamas vimos retorcerse no sólo los cuerpos de las damas de la época, sino el firme entramado del fanatismo religioso, iluminando con fuertes focos un espacio olvidado de nuestra historia.

Pero mejor escuchemos al propio Marchant Lazcano -quien respondió, al instante, como siempre, a los requerimientos de Libro Libre Chile-, analizar nuestra desmemoria, nuestros mitos y nuestras debilidades. Un ejercicio saludable y educativo cuando la prisa y el momento no dejan lugar a la reflexión sobre lo que somos y lo que hacemos. 

 

-La realidad ha ido a la par y ha superado, incluso,  los temas planteados en algunas de tus novelas, donde campea la decadencia de instituciones como la Iglesia Católica, y donde las relaciones homosexuales -reprimidas y soterradas-, permean a la sociedad. ¿La realidad está superando definitivamente a la ficción? ¿Qué rol le queda al escritor después de ver este "destape" dramático del cinismo, doble estándar y corrupción de entidades antes intocables?

 -En realidad,  mi novela "El amante sin rostro" (Tajamar Editores) planteó en el año 2008 una problemática relacionada con la iglesia católica, a partir de la observación de los hechos de ocultamiento de la figura del obispo Cox. Yo creo que es parte de la "intuición" y de la mirada alerta de los escritores el estar, de alguna forma, un poco más allá de la simple realidad. Creando una suerte de realidad paralela. Precisamente, en el personaje ficticio de Monseñor Reymond en "El amante sin rostro" me planteé mucho más cerca de la homosexualidad que de la posible pedofilia. Era lo que verdaderamente me interesaba en mi develamiento del ocultamiento de la homosexualidad en la cultura chilena contemporánea.  Lo mismo que hice en la que siento mi obra más lograda: "Sangre como la mía", novela que ganó el Premio Altazor en 2007, se ha publicado en Chile, España y Francia, y ahora viene un montaje teatral basado en esa novela, dirigido por Jimmy Daccarett, y una nueva edición por parte de Tajamar Editores. Siento, tal como se ha dicho en forma relativamente velada en este último tiempo, que el problema del sacerdocio en Chile está más cerca de la homosexualidad. Una homosexualidad terriblemente mal asumida  por culpa de la misma institución que ha satanizado la diferencia. Una homosexualidad culposa y llena de "pecado" que no puede llevar a otra cosa que la marginalidad, el fracaso y la muerte, tal como lo ha dicho el escritor español Alvaro Pombo. Es en estas circunstancias que el "poder de seducción" de sacerdotes como Karadima se revela como algo altamente nefasto. Son hombres deformados por sus propias creencias. El Vaticano parece estar lleno de ellos, pero prosiguen incansables en su ofensa y en la negación de la homosexualidad como una forma noble de vida.

 

-La historia es la materia con la que se articula la mayor parte de tus novelas. Crees que esa materia ahora forma parte de nuestro habitar social o la desmemoria sigue siendo, al contrario, lo que nos identifica y en cierta forma nos "desdibuja" y nos debilita como ciudadanos. Qué papel juega ahí el escritor.

-La historia sin duda tiene que ver con la memoria, y la memoria es lo que más nos falla como chilenos. Tenemos una tendencia innegable al olvido. Es imposible que la novelística no esté, de alguna forma, ligada con la historia. En cualquier hecho social que narremos, habrá algo del tiempo que nos ha tocado vivir, o una proyección de nuestra propia historia en tiempos pretéritos (o incluso, futuros, como es el caso de la ciencia ficción). Yo he querido rescatar aspectos de nuestra construcción social en textos como "Me parece que no somos felices" (2002) en dicho caso el ascenso de la clase media en el Chile de los años 20, e incluso en una novela aparentemente tan inocente como "La Beatriz Ovalle" - escrita en juventud -, hay elementos de mi propia juventud, relacionada con la turbulencia social de los años 60 y 70 en Chile. Me preocupa de pronto que un lector poco estimulado o poco asertivo lea estas obras como "materia de entretención" sin lograr darse cuenta que, tal como dices, la falta de historia nos debilita como ciudadanos. Todos los escritores, tanto los que escribimos ficción así como quienes escriben ensayo, estamos haciendo un esfuerzo por rescatar nuestros sufrimientos (y nuestras pequeñas pasajeras alegrías). Es terrible comprobar que la literatura va camino a convertirse en un placer de lujo.

 

-Tú dices en algunas entrevistas que los chilenos hemos cambiado poco en relación a épocas pasadas. ¿Esto es bueno o malo? ¿Qué de bueno y malo tuvo nuestro pasado próximo, como la época de 1879 y 191O, que retratas en El Ángel de la Patria, tu último libro?

-Siempre recalco que mi visión del pasado corresponde a la de un escritor de ficción, no a la de un historiador, para dejar las cosas claras. Yo no barajo nada en forma "científica". Es la visión que he compartido con otros textos novelísticos de la literatura mundial, como podría ser "El Gatopardo" de Tomassi de Lampedusa.  Como dice David Lodge al referirse al sentido del pasado: "Hay una cierta complicación al escribir sobre la vida más de un siglo atrás, cuando esa vida ha sido memorablemente descrita por sus contemporáneos. ¿Cómo puede un novelista del siglo XXI competir con Charles Dickens o  con Wilkie Collins?" Simplemente no se puede. Lo que sí se puede hacer es proyectar una perspectiva de nuestro tiempo sobre los comportamientos del siglo XIX. Revelando cosas que los victorianos, por ejemplo, no sabían, o ironizando, o teniendo menos piedad. Es lo que he intentado hacer con "El ángel de la patria" mi más reciente novela publicada por Grijalbo el año pasado. Las épocas pasadas no tienen nada de malo en si mismas, son los comportamientos humanos los que parecen inalterables como los propios mitos (en el caso de "El ángel...", el mito de Electra y la relación con sus padres, como hecho de fondo.) Igual, uno encuentra ciertas conductas que proyectadas al día de hoy, hablan mal de nosotros, como nuestra crueldad con los enemigos, nuestro chovinismo excesivo, y un nacionalismo peligroso que podemos ver incluso hoy, cuando miramos con pánico lo que sucede  en Perú o Bolivia.

 

-La desmitificación es una clave que se puede seguir en tus novelas. La Iglesia Católica, en la Joven de Blanco; la Guerra del Pacífico y el patriotismo en El Ángel de la Patria. Contra qué mitos piensas arremeter ahora.

 -Tal como sucedió con "La Beatriz Ovalle" o con mis recientes novelas "Sangre como la mía" y "El amante sin rostro", estoy volviendo la mirada a un tiempo cercano nuestro, concretamente, los años 50 y 60. Tengo aún una carga de emociones y sentimientos muy fuertes con ese Chile en que me crié y comencé a hacerme hombre. Creo que la construcción de una "familia nueva" (que lamentablemente no tuvo nada de nueva, porque arrastró los mismos vicios del pasado, especialmente en el terreno de la clase media y la burguesía) se da precisamente en esos años, con la consolidación de nuevos barrios en Santiago, especialmente en el sector oriente. En eso estoy, en mi novela de suburbios, como "Vía Revolucionaria" de Richard Yates.

 

-Tu última novela ha tenido bastante aceptación de parte de los lectores, pero una crítica disímil. Las referencias van desde ser un texto tortuoso y desconcertante, pero que se sigue con facilidad, hasta calificativos de historia sin gracia y prosa anticuada. Qué opinión te merece, en general, la crítica local.

-Terrible pregunta. En un país donde no se lee -y lo digo con todas sus palabras-, donde no se lee, es muy trágico enfrentarse a una crítica demoledora y descalificadora, de muy bajo nivel de análisis, como la que se realiza en un par de periódicos.  Cuando en dichos medios insisten en hacer una comparación entre mis novelas y mi trabajo en teleseries, sólo opera un prejuicio infundado y una suerte de castigo por haber incurrido en ello. Es cuestión de ver la diferencia entre la crítica literaria en Buenos Aires, Madrid o Nueva York, y la de Chile, para darse cuenta  que ciertos "críticos" están haciendo muy mal su trabajo.

 

- En novelas como La Joven de Blanco y El Ángel de la Patria, la trama se articula en torno a sucesos muy nombrados -el incendio de la Iglesia de la Compañía, en el primer caso; la Guerra del Pacífico, en el segundo- pero muy poco conocidos por parte de los chilenos. ¿Crees que hay muchos otros acontecimientos como éstos en nuestra historia reciente?

-Sin duda, y es materia de los narradores hacerse cargo de ellos. Las historias de todos los pueblos están cargadas de drama. Sólo hay que aprender a descubrirlos. Claro que la artificialidad de la ficción histórica va un paso más adelante que la artificialidad de cualquiera ficción. Por ello es más complejo, y por ello mismo, suelen salir muchas novelas deplorables con "temas históricos" tratados como basura que se convierten en grandes best-sellers.

 

- Anunciaste una nueva novela situada en las décadas del 50 y 60, un período que marcaría "la pérdida de la inocencia" para los chilenos,  como has señalado. Por su cercanía en la historia, qué dificultades tiene hurgar en sus mitos y sus verdades.

 -La gran dificultad es que hay que hurgar en nuestros propios dolores, en los recuerdos familiares, en las historias de nuestros padres, en nuestras propias deformaciones, y eso, en lo personal, me complica, aunque he llegado a una edad en la que estoy dispuesto a herir y a molestar, porque ya no me queda nada que perder. A medida que envejezco estoy  cada vez más solo para enfrentarme con mis demonios.

 

- Los historiadores también están hurgando en nuestros mitos. Es cosa de ver los tomos que saca cada cierto tiempo Felipe Portales y su colección Los Mitos de la Democracia chilena. Pueden beber mutuamente de las mismas aguas y cómo se influencian o deberían influenciarse mutuamente, historiadores y escritores.

Tengo la sensación de que los historiadores leen poca ficción. Para escribir "El ángel de la patria" me documenté en un trabajo de un joven historiador llamado David Home Valenzuela. Lo incluí incluso en los agradecimientos. Jamás he tenido una respuesta de su parte. "La joven de blanco" es un caso único de tratamiento novelístico del Incendio de la Iglesia de La Compañía. Tampoco ningún historiador lo reconoció. Somos un país de sordos-mudos.

 

JML2.jpgJorge  Marchant Lazcano (Santiago de Chile, 1950), periodista titulado en la Universidad de Chile. Inició su carrera literaria con la novela “La Beatriz Ovalle”, (publicada en Argentina en 1977 y en Chile en 1980), un verdadero “boom”, con siete ediciones. Luego publicó la novela corta “La noche que nunca ha gestado el día” (1982) y el volumen de cuentos “Matar a la Dama de las Camelias” (1986).

Trabajó como guionista de exitosas  teleseries en Televisión Nacional de Chile, en los años 80 y 90. El nuevo siglo nos trajo de vuelta al novelista con “Me parece que no somos felices” (Alfaguara, 2002); “La joven de blanco” (Alfaguara, 2004);“Sangre como la mía” (Premio Altazor 2007, publicada por Alfaguara en 2006); “El amante sin rostro” (Tajamar Editores, 2008),  y “El Ángel de la Patria”, su última novela, publicada en junio de 2010 por Grijalbo.

 

 
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